Errores en una reforma integral: los 10 que se pagan durante 25 años
Te puedes equivocar comprando una camisa, eligiendo restaurante o comprando un libro. En lo que no te puedes equivocar es en la reforma de tu casa: seguramente sea la única vez en tu vida que la hagas.
Un coche, que es un bien preciado, pierde valor desde el primer día. Tu casa la gana día a día, sobre todo con una reforma singular. Y sin embargo dedicamos más tiempo a elegir el coche.
Estos son los diez errores que vemos una y otra vez. No son errores de gusto — del gusto se puede volver. Son errores de proceso: decisiones tomadas en el orden equivocado, o tomadas por miedo, que después se quedan contigo los próximos veinticinco años.
Pedir presupuesto antes de saber qué se va a hacer
Nadie puede presupuestar una obra que todavía no está definida. Si una empresa te entrega una cifra cerrada el primer día, sin haber estudiado tu vivienda ni tu forma de vivir, lo que te está dando no es un presupuesto: es una plantilla.
Y una plantilla significa exactamente lo que parece. Que tu casa se va a parecer a las otras casas que esa empresa ha hecho, porque el patrón ya está resuelto y salirse de él cuesta dinero. Todas iguales, a sota, caballo y rey.
El orden correcto es al revés: primero se define qué queremos hacer en tu casa, con qué gama de calidades y para qué vida. Solo entonces hay algo que valorar.
Elegir empresa por el precio
Entre dos cifras distintas casi nunca hay la misma obra detrás. Hay materiales distintos, plazos distintos, personas distintas dirigiendo, y partidas que en una están y en la otra aparecerán a mitad de obra.
Comparar cifras sin comparar lo que incluyen es el deporte más caro de este sector. Si quieres comparar de verdad, compara documentos: qué está definido, con qué nivel de detalle, y quién responde de cada cosa.
No pedir el seguro de responsabilidad civil
Como promotor de la obra, el número 1 de la cadena de responsabilidades eres tú. No la empresa. Tú.
Si alguien se hace daño trabajando dentro de tu casa, tú respondes. Y el «yo no lo sabía» no sirve de nada cuando se habla de responsabilidad civil.
Pide el seguro vigente y sus coberturas, por escrito, antes de firmar nada. Una empresa seria te lo manda esa misma tarde. Ese correo te dirá más de con quién estás tratando que un catálogo entero de fotos bonitas.
Confundir un presupuesto con un contrato
Un presupuesto dice cuánto. Un contrato dice cuándo, cómo y qué pasa si no. Antes de que empiece la obra deberías firmar un contrato donde consten tus obligaciones y, sobre todo, tus derechos.
Dentro, tres cosas innegociables: fecha de inicio, fecha de entrega y cláusula de penalización por retraso. No puede ser que reformar setenta y cinco metros cuadrados se convierta en tres meses de polvo, ruido y la casa patas arriba porque nadie puso una fecha por escrito.
Dar por hecho que tu obra no necesita licencia
Toda obra necesita algún trámite municipal. Lo que cambia es cuál, cuánta documentación técnica lleva y si puedes empezar el mismo día o tienes que esperar una resolución.
Huye de quien te diga lo contrario con demasiada ligereza. Esa frase es lo más caro que vas a escuchar en todo el proceso: semanas de obra parada, con la casa levantada y tú durmiendo en casa de tu madre.
Lo contamos entero en qué licencia necesitas para reformar tu piso en Barcelona, incluidos los permisos de calle que nadie menciona hasta que el contenedor ya está en la puerta.
Elegir el blanco por miedo
Mucha gente elige el blanco como color dominante porque lo percibe como seguro. Pero seguro y acertado no son lo mismo. El típico piso blanco da pocas complicaciones — también al profesional, dicho sea de paso — y a cambio te garantiza una casa que podría ser la de cualquiera.
La naturaleza nos enseña que las combinaciones inesperadas pueden ser bellísimas. ¿Alguna vez te has preguntado si un río «combina» con el cielo? Nadie cuestiona un paisaje. La armonía ahí no es monótona ni evidente, y en tu casa tampoco tendría por qué serlo.
Si confías en el profesional que tienes delante, déjate llevar. Las cosas más bonitas de nuestras obras salieron de decisiones que sobre el papel no tenían lógica, y luego las ves y te enamoran.
Decidir los materiales por fotos
Los materiales hay que verlos, tocarlos y sentirlos. Dedícales varios días. Son ellos los que te van a transmitir ese cosquilleo que dice que sí, que son los de tu casa. Una pantalla no transmite nada de eso.
Pide que te enseñen lo que está en tendencia y también lo que ya no lo está pero lleva décadas resistiendo en el mercado. Esos son los grandes clásicos, y suelen ser los que mejor envejecen en las superficies grandes.
Con lo efímero — una pintura, un papel pintado — puedes ser mucho más atrevido: cambiarlo dentro de tres o cuatro años cuesta poco y transforma la casa entera.
Dejar la iluminación para el final
La luz se proyecta al principio, porque va por dentro de las paredes. Cuando la obra está cerrada, lo único que queda es elegir lámparas — y una lámpara no arregla una casa mal iluminada.
Es probablemente el elemento más importante de un hogar. Una simple luz bien puesta puede dar belleza a una pared blanca desnuda. Y la luz que necesitas para ver mientras cocinas no tiene nada que ver con la que quieres a las once de la noche en el sofá: eso son escenas distintas, pensadas una a una, estancia por estancia.
No saber quién dirige tu obra
Toda obra debe tener un director y un interlocutor único. Si no lo tiene, lo que tienes es un grupo de gremios coordinándose entre ellos, y cada problema acaba en el deporte nacional de señalar al de al lado.
Haz la pregunta incómoda en la primera reunión: quién de vuestro equipo es el técnico responsable, y si va a ser el mismo que dirija mi obra. Pregunta también quién lleva el control económico. Si la respuesta tarda o se va por las ramas, ya sabes.
Diseñar la casa para hoy y no para los próximos 25 años
Detrás del diseño de interiores hay una ciencia aplicada que no se ve y que no tienes por qué conocer. Se nota en cómo abres el lavavajillas y colocas los vasos sin girarte. En cómo guardas la compra sin agacharte. En el espacio que tienes para preparar la comida. Detalles que las fotos no muestran y que deciden si la casa te hace la vida fácil o te la complica cada mañana.
Por eso no basta con elegir por estilo. Necesitas a alguien que se implique, que viva tus miedos y entienda cómo quieres vivir: si trabajas en casa, cómo te aseas, si usas maquinilla eléctrica o cuchilla, si eres un o una cocinitas o te basta un buen microondas para el tuperware.
Llevas diez años dejando el cepillo de dientes en un sitio que no te gusta. Esta es la reforma en la que eso se acaba.
¿Es cara una reforma integral?
Depende de con qué la compares. Hemos asumido como normal invertir en un coche que se deprecia el primer día, con extras que sumados alcanzan varios miles de euros.
En cambio la reforma de tu vivienda es, probablemente, la única que harás en toda tu vida, y el hogar donde vas a vivir los próximos veinticinco años. Divide lo que inviertas entre 9.125 días. Haz la cuenta con calma, porque el resultado suele cambiar la conversación entera.
Para nosotros el bienestar, la comodidad de tu día a día y sentir la casa como el eje de tu vida no tiene precio. Así que, ahora que no nos escucha nadie: creemos que podemos ayudarte. ¿Eres más de vino tinto o de gin-tonic?
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