Un sueño en Sitges

¿Quieres saber la verdad?, la cocina ya estaba bien, incluso pensé por un momento en no reformarla.

Tenía lo necesario y funcionaba, supongo que la culpa fue de George Clooney, sus anuncios de Nespresso o algún film donde un soltero de oro paseaba su herculano  torso mientras llevaba una toalla atada a la cintura.

Abrir la cocina al resto de la vivienda, ganar profundidad ya que originalmente el recibidor del piso ocupaba y desperdiciaba mucho espacio.  Una gran isla blanca central con un complejo encaje de columna, unido a una mesa súper practica para usar en el día a día o en una bonita cena con luz tenue y velitas. La pureza del blanco, súper contrastada en un gran cubo gris antracita que forma el suelo paredes y techo. Y no me olvido de vosotras, mis queridas y  prácticas lavadora y secadora, que estáis escondida en ese mueble negro que esta, pero que no se ve, junto a la nevera 😉

Un espacio lleno de claroscuros, con la luz justa para potenciar la sutileza de los pequeños detalles. El naranja emerge con fuerza y sutileza en las nórdicas campanas de iluminación, que nos anuncian, que los proyectos con colorido, pueden súpermolar también para solteros de oro.

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